En 1957, Curt Richter realizó un estudio sobre el fenómeno de la muerte súbita ante situaciones de estrés extremo. Observó el comportamiento de ratas que fueron sumergidas en cilindros con agua, donde nadaron hasta dejarse morir. Concluyó que la esperanza era el factor determinante para lograr que estos animales mostraran alguna resistencia contra la muerte.
Una persona, que podría ser cualquiera, de hecho podría ser una de miles según las estadísticas, sin dar más detalles, porque le apenaría decir públicamente que siente deseos de apagar súbitamente su propio organismo, ha depositado hace días, o podría hacerlo mañana, podría hacerlo cualquier día realmente, toda su esperanza en el sistema de salud público de este país. Ha pedido o pedirá ayuda. Le han contestado o le contestarán. ¡Hay o habrá esperanza! Hecho esto, solo debe esperar la pronta programación de su cita. Nunca hay cupos próximos, pero quedaron en llamar pronto. Eso dijeron o eso dirán. No llaman, ¿Llamarán? Se quedará esperando como una rata.
¿Acaso no sería esta una buena analogía de la mano de Richter? Aquella que extrae al pobre animal del agua, engañándolo con la falsa promesa del bienestar. Luego, sin más, porque lo dicta la burocracia, sin ninguna piedad, la vuelve a sumergir.
Ilustración y notas:
1) ESTADO DE DESESPERANZA: Las ratas no luchan ni huyen, se dan por vencidas al perder toda esperanza.
- Creen que no hay solución para su situación desesperada.
- Mueren súbitamente a los 1 – 15 minutos.
2) ELIMINACIÓN DE LA DESESPERANZA: Las ratas no mueren si aprenden que la situación no es realmente desesperada y tiene solución.
- Son salvadas del ahogamiento, liberadas y sumergidas nuevamente durante unos minutos en repetidas ocasiones.
- Vuelven a ser agresivas, intentan escapar y no dan señales de darse por vencidas.
- Pueden nadar hasta 80 horas o más.
Fuente: On the Phenomenon of Sudden Death in Animals and Man (Curt Richter, 1957).
