En la secundaria, hubo una época en la que el tamaño de mis tetas era una preocupación de índole pública. Mientras desarrollaba mi anatomía, yo me sentía una atleta olímpica. Tenía a la barra brava masculina del salón alentándome en una carrera que finalmente perdí. Tetitas, eso fue todo lo que obtuve.
No estoy exagerando nada de lo que pasó después. Como estos penecitos controlaban el mercado sexual del colegio, fui castigada, amonestada, desterrada del mundo de las guapas y arrojada al basurero de las feas. Mi capital erótico estaba en su crisis máxima. Solo me quedaba contemplar de lejos y con envidia a las (y los) de pecho prominente. No paraba de sobrepensar. ¿Por qué el gordo del salón tiene más tetas que yo? Él también tenía sus dudas existenciales. Me lo hizo saber, un día que no recuerdo y en donde no tengo idea. Estaba acompañado de su manada, eso seguro.
Me preguntó:
—¿Si no tuvieras pies, usarías calcetines?
—No —le dije.
—Entonces, ¿por qué usas brasier? —me soltó y se echó a reír.
No sé qué le respondí. Seguro que nada interesante. Yo, por desgracia o gracia, soy más del tipo de bully que te apoda ESTÚPIDO, porque serlo sí es una elección. Así que, estoy segura, jjjjjjamás (con carraspera) podría haber salido de mi boca algún —cállate, gordo tetón.
Ilustración y notas:
Nunca se debe pasar por alto el consejo de un tetón. Por lo general, son sabios. El mío lo era. No estaba equivocado. Realmente, no acostumbro usar brasier.
Volviendo con las preguntas existenciales: ¿Por qué las tetas de Hotei (el falso Buda sonriente) tienen derecho de pavonearse tan desnudas? Las mías, tan pequeñas como son, seguro hubieran montado tremendo escándalo en plena fiesta de graduación si alguien me hubiera pisado el vestido strapless.
¿Gordo, qué opinas de las pezoneras?
