Transcripción

El manualito de los niños muertos

En 1530, Erasmo de Rotterdam publicaba “De la urbanidad en las maneras de los niños”, un manual de las buenas costumbres sociales para “los niños muertos” (aporte de Agustín García, en la versión traducida del libro) que en ese momento sí estaban bien vivos. Es que desde entonces, han pasado casi quinientos años. Los pobrecitos llevan más tiempo abajo que arriba.

En fin, el libro fue un éxito sin precedentes en Europa. El autor recopila exquisitamente (a veces demasiado) una serie de instructivos modales muy reveladores de su época. No es una sorpresa que contenga también muchos símiles con la actualidad. Hay de los que responden, supongo, al sentido común; otros simplemente son la manifestación imperecedera de la necedad humana.

¿Habrá servido realmente para educar a los niños tiesos?, porque después de leerlo me han entrado unas impúdicas ganas de desobedecer… Excusa perfecta para exclamar —¡Erasmo, tu libro es una mierda! (y un verdadero tesoro para la antropología) —y gritar, aun cuando sé que es escandalosamente incivil de mi parte —¡Cállese, señor, váyase a la mierda!—, así sin contexto.

Amo los manuales de etiqueta. Los neurotípicos y neurodivergentes desesperados tienen un mismo objetivo: encajar; pero hay una diferencia entre la parafernalia y la supervivencia social.

Ilustración y notas:

¿Tienes un convite elegante? Estos son los 3 mejores consejos erásmicos para verse bien portadito.

  1. OJITOS PLÁCIDOS Y PUDOROSOS (cap.II): Nunca torvos (señal de ferocidad), errantes y volvedizos (demencia), maliciosos (desvergüenza), desmesuradamente abiertos (estupidez), estupefactos (es de pasmados), demasiado penetrantes (iracundia), ni insinuadores y habladores (impudicia).
  2. NALGITAS DELATORAS (cap. XIV – XI): Siéntese firme. Oscilar sobre una nalga y luego sobre la otra repetidamente da la apariencia de quien está soltando ventosidades o está haciendo esfuerzos por soltarlas. Si esto fuera verdad, no es saludable apretar, mejor disimule el ruido con una tos.
  3. ADORNA EL SILENCIO A LAS MUJERES, PERO MÁS A LA NIÑEZ (cap. XVI): Entre arrugados, no hable nunca si no se lo piden. Ríase moderadamente de lo gracioso, nunca de lo obsceno. Pero tampoco haga muecas, mejor haga parecer que no ha oído o no ha entendido.

Fuente: De civilitate morum puerilium (Agustín García, 1984). Obra original publicada en 1530 por Erasmo de Rotterdam.