A veces mi madre quiere comer bebés. No tiene hambre. Si ve un nene muy lindo, su sistema nervioso se excita de sobremanera. Para autorregularse y evitar explotar de amor, necesita drenar un poco de agresividad. Es simple. Ella no es un monstruo. Es una persona amorosa con algunos impulsos asesinos.
Los babys son el menor de los problemas. Las víctimas reales conviven con la desequilibrada. Especialmente cuando está muy contenta, se le ha visto atacar impunemente a mi padre con pellizcos, apretones y golpes. ¿También se lo querrá comer? Públicamente, nunca fue descubierta mordisqueándolo; en privado, no sabemos.
A mí de pequeña me tocaron los abrazos violentos. A esa mujer, que debió haber fichado por la NFL, le gustaba taclearme sobre la cama, aplastarme y mimarme hasta quedarse a gusto.
El perro tampoco se salvó. Siempre fue el más tierno de la casa y quien más violencia desataba en ella. De sus salvajadas contra el animal, se cuentan epopeyas. El pequeñito las sobrevivió todas y sacrificó todo: los cachetes, el lomo, las piernitas y los testiculitos. —¡Me lo como a besos a ese perro! —decía la loca.
*Nada de lo narrado pertenece a alguna clase de violencia familiar. Tendría que ser, en todo caso, la evidencia de un amor incontrolable.
Ilustración y notas:
EXPRESIONES DIMORFAS: Forma de regulación de las emociones, que ocurre cuando un individuo experimenta sentimientos intensos, incontrolables y abrumadores. Dos expresiones distintas surgen de un único estímulo.
- “Cute aggressions” (agresiones tiernas): Tener deseos de aplastar, romper o morder algo tierno. Ternura, cuidado, amor, protección. VS Violencia, furor, agresividad.
- Llorar de felicidad o reír en una situación tensa. Felicidad, risa. VS Tristeza, llanto.
Fuente: Dimorphous Expressions of Positive Emotion (Aragón et al., 2015).
