Transcripción

Tomar una decisión

Kierkegaard teorizó que la vida se resume en: ELEGIR. Los humanos podemos perdernos de dos maneras: 1) angustiados (en el peor de los casos, paralizados) ante las múltiples posibilidades o 2) atrapados entre elecciones limitadas. La libertad de elección, paradójicamente, nos provoca vértigo. No queremos lidiar con las repercusiones.

Amar a un perro: Papá no quería mascotas en la casa. —Envejecen. Enferman. Se van demasiado pronto —me explicó, conmovido por sus recuerdos infantiles, para intentar desanimarme. No eran mentiras. Yo era una niña, eso también era cierto, pero nunca subestimé sus opiniones. En pleno entendimiento de todas las posibilidades, yo tomé la decisión consciente de amar a un perro vivo y llorar los recuerdos de uno muerto hasta extinguir todas mis lágrimas. 

Amar a un hombre: Alguna vez, en el colegio, el corazón de un amigo quedó atrapado en una encrucijada. —¿Le digo que sí? Estoy cansado de sufrir, pero también de estar solo —se lamentaba. Los amores adolescentes son caóticos y tienen fecha de caducidad. Ambos lo sabíamos por experiencia. Aquel día, cada uno hizo una elección. Yo no volví a enamorarme. Él se enamoró mucho y muchas veces. Ambos sobrevivimos a las respectivas repercusiones.

Ilustración y notas:

Las 2 formas de perderse en la vida: 

  1. EN LO INFINITO: Entre las múltiples posibilidades que se tiene cuando se trata de tomar una decisión. Riesgos: Neurosis y angustia. No decidir = Poner la vida en pausa.
  2. EN LO FINITO: Entre las limitadas elecciones impuestas por el mundo. Decidir = Perder todo lo que estaba en el campo de las posibilidades.

LA SOLUCIÓN: Perdón, no existe alguna. Solo nos queda dar un salto de fe.